domingo, 25 de noviembre de 2012
Diez cuadras
domingo, 11 de diciembre de 2011
El sombrero del señor Panoszko
domingo, 23 de octubre de 2011
Ellas
Hubo indicios. Empezó con ciertas voces que entre las vagas conversaciones de la gente alcanzaban un registro extrañamente familiar. Hubo susurros, suspiros y, luego, olores inhallables. Un eco rebotó en las paredes de la casa cuando cayó al suelo una manzana. Percibí extensiones de mi propia sombra y a mi alrededor no había nada. Entonces, supe que jugaban conmigo y que los juegos habían comenzado a despertarme. Supe que todavía no era la hora del encuentro.
La certeza de que habían arribado la tuve hace dos días. Regresábamos a medianoche y al doblar por una esquina, las luces del vehículo iluminaron dos mujeres paradas a un lado de la calle. Las cabelleras largas, cejas y pestañas aún reverberaban cuando pasamos a su lado. Idénticas y albinas. Se me erizó la piel, pero no dije una palabra. La mujer que iba conmigo invocó a su dios y no quiso darse vuelta por miedo a que no estuvieran allí cuando mirase. Hizo bien. Las gemelas se dejan ver sólo por instantes y presenciar su acto provoca terribles consecuencias.
sábado, 7 de mayo de 2011
Los que regresan
Imagen: La caza del jabalí, de Rubens, tomada de la red.
sábado, 9 de abril de 2011
Pueblo chico
domingo, 27 de febrero de 2011
Entretenerse
Imagen extraída de la red
jueves, 6 de enero de 2011
Elegía de las islas
miércoles, 29 de diciembre de 2010
El auditor y el hombre en mono blanco
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Observando a Estela
jueves, 2 de diciembre de 2010
El niño en la vereda
viernes, 26 de noviembre de 2010
Los ojos del Buda
lunes, 15 de noviembre de 2010
Volver
viernes, 15 de octubre de 2010
Proveedor Gourmet
jueves, 7 de octubre de 2010
La gata
— ¿Qué te pasó en la frente? —preguntó.
—Nada.
—Nada —repitió ella—. Algún día no contás más el cuento vos.
—Perdé cuidado —le dije, y volví a cortar. Todavía me temblaba un poco la mano y sentí que me tajaba un dedo. Justo en la coyuntura del pulgar. La misma sensación que cuando corté un tendón en la carne, sólo que me agarró como una electricidad fría. Pero no me sangró enseguida, debe haber sido porque tenía las manos heladas.
— ¿Comiste?
—Temprano— le mentí. Y le tiré a la gata más tiritas de carne.
—Así me gusta —movió la cabeza—. Pensá que ahora tenés que comer por dos.
Me empezó a sangrar el tajo. La sangre corrió por los pliegues del nudillo y manchó la carne. Yo siempre le corto finito a la gata para que coma rápido y se vaya porque Ernesto la saca a patadas cuando la ve adentro, pero entonces se los tiré como estaban, medio grandes, mezclados con mi sangre y todo.
— ¿Le encontraste la cría ya? —preguntó, mirando a la gata que lamía los últimos pedazos antes de masticarlos.
—Todavía no.
—Apuráte, si esperás más no te vas a animar a ahogarlos —aconsejó.
—No importa...
—Ja. No importa…, sí, tenés razón… Decile al Ernesto, a ver qué pasa —se burló—. Sabés… estás rara hoy… ¿Será la preñez, che?
La gata se había devorado todo y olisqueaba el aire.
—¿Necesitás que te traiga algo?—dijo la vieja, ya saliendo.
—Me arreglo con lo que tengo —negué con la cabeza.
Apenas se fue puse la tranca y limpié el cuchillo otra vez. El dedo me ardía por el detergente. Vi a la gata ir hacia la pieza.
— ¡Ahí adentro no! —grité, pero ya se había metido.
Cuando corrí la cortina, lamía el charco oscuro en el piso.
Este cuento resultó finalista en el concurso de la editorial Disculpe las molestias, Mexico
lunes, 4 de octubre de 2010
Chance
martes, 31 de agosto de 2010
EL ESCANDINAVO Y LA PANACEA
domingo, 11 de julio de 2010
GUYUK
Cuando volvió a la vida estaba en el árbol y la tibieza del nido lo embriagaba. Era un niño pequeño otra vez y su madre, el ave de pico rojo estaba a su lado. Guyuk, dijo ella; ése sería su nombre. Miró hacia abajo y vio otras ramas con nidos y más niños y madres. Se sintió feliz porque el suyo estaba entre los más elevados. Sería un chamán poderoso, como Khir había augurado.
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