En el anochecer reverberante de chicharras, desde lo alto del olmo junto al camino, el loco gritaba:
"¡Quiero una mujer! ¡Quiero una mujer!", al tiempo que un auto que pasaba reventó neumático.
Del susto, el pobre se cayó del árbol. La mujer que conducía
descendió temerosa y se acercó al desmayado. Dormido como un santo, le pareció el hombre
más tierno jamás visto.
Cuando él despertó, entre los brazos de ella, era el más lúcido del
mundo, también.
Micro inspirado en la escena de Teo en el árbol, de
Amarcord, de Federico Fellini.
Imagen tomada de la red.
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