¿Por qué me obsesiona esta esquina? Mi cuerpo lo supo siempre. Cuando era niño sentía un tropel, como una rodada de caballos al caminar por esta calle. Lo entendí cuando mi madre me contó, hace tantos años, que aquí murió mi padre; que aquí ella se arrastró para salvarse y salvarme a mí, diminuto botón en su interior.
Alguien, algún funcionario lúcido, ha conservado el lugar de aquellos días (no todo debe ser reemplazado). Y agradezco. Lo inerte se empapa por igual de la muerte y de la vida. El metal oxidado, los muros, el empedrado guardan memoria de la metralla, la sangre, los gritos. Pero también de las risas, las palabras susurradas al oído, de la música.
Mi padre entonaba una canción cuando cayó la primera bomba. Mi madre nunca pudo recordar cuál era. Por eso vuelvo. Espero que un farol o alguna piedra trasude para mí aquella melodía.
Fotografía tomada de la red
